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Ruta a la Cueva de las Quilamas

10 Julio 2014

Ruta a la Cueva de las Quilamas

Las cuevas han estado siempre asociadas a lugares misteriosos, a seres o fuerzas fantásticas y a fenómenos extraños. En ellas se mezclan historia y leyenda y casi siempre termina imponiéndose ésta última como ocurre con la Cueva de la Mora Quilama.

Esta cueva está situada al sur de la provincia de Salamanca, en una zona montañosa denominada la Sierra de las Quilamas y son varias las leyendas que circulan sobre ella:

Cuentan que vivió aquí en tiempos remotos, y aún vive, la Princesa Quilama custodiando grandes tesoros y que son muchos los que han muerto o perdido la razón intentando apoderarse de ellos. Unos cuentan que en las noches claras, sobre todo por San Juan, se oyen del interior de la cueva los desgarradores lamentos de la mora, víctima de un encantamiento. Otros, que a veces la han visto coger agua del río Quilama, en cuyas inmediaciones hay un pasadizo que comunica con la cueva (leyenda construida con todos los elementos típicos de esta clase de historias: la mora o personaje misterioso ligado a una cueva, un tesoro y una fuente de agua).

El origen de esta leyenda  está relacionado con el último rey godo Don Rodrigo y su amante la bella Quilama, secuestrada por éste  a su padre, Don Julián gobernador de Ceuta.  Don Rodrigo  huye a esta sierra con ella, construyendo un castillo en lo alto del pico Velero y un palacio subterráneo para su amada. Don Julián persigue y pone cerco a Don Rodrigo, y como consecuencia muere de pena la reina Quilama. Don Rodrigo la entierra con el tesoro del rey Alarico, en una gruta secreta que conecta con la Cueva y por donde huye de D. Julián.

No existen documentos pero es fácil  pensar que en estas montañas se refugiaron los visigodos en su retirada de los musulmanes.

A esta cueva nos dirigimos caminando desde Navarredonda de la Rinconada, uno de los últimos pueblos de las llanuras del Campo Charro salmantino. Aquí dejamos los coches e iniciamos el ascenso a la llamada Sierra de las Quilamas [Alojamientos Rurales cercanos].

Salimos por el camino denominado de Los Postales, que discurre en principio, entre paredones de piedra que separan o dan acceso a los huertos  y más adelante entre  flores de espino albar,  aulagas y  genistas. 

Con la visión del Pico Cervero a nuestra izquierda, máxima altitud de la sierra con 1465m. y al que se puede acceder por un camino señalizado, llegamos a la zona de Los Molinos donde se encuentra un pequeño riachuelo y estanque desde el que se abastecen los huertos y los antiguos molinos. Hacemos un alto para ver éstos,  y aunque están destruidos, alguno conserva aún la piedra de moler.

Continuamos con nuestro ascenso, de muy ligera pendiente, entre un bosque de robledales cubierto de genistas y llegamos al paraje de Las Fuentes, donde algunos señalan como el nacimiento del río Huebra y no las fuentes del Cervero.

Aquí nos sorprendimos viendo brotar desde el subusuelo el agua a borbotones. No es la única sorpresa que nos llevamos, pero éstas ya pertenecen al ámbito de los participantes y no tienen relación con la ruta.

Después de esto y siempre acompañados de robles, escobas y retamas, llegamos a la pista que conduce al  Camino Serrano, aquél que comunicaba antiguamente con la Bastida y demás  pueblos del otro lado de la sierra. 

En lo alto de este camino observamos amplios paisajes y el contraste entre un lado y  otro. Aquí abandonamos el camino y dejando a nuestra espalda el Pico de los Molinos (como le conocen aquí) o Peña del Castillo (como viene en los mapas) emprendemos a la izquierda, entre peñascales, la subida al Pico de la Cueva .

En nuestro ascenso las vistas son impresionantes, vamos contemplando por un lado las llanuras y pueblos del sur del Campo Charro y por el otro obtenemos una amplia vista de la Sierra de Francia, con la Peña del mismo nombre en el punto más alto.

Siguiendo entre  cuarcitas y un mar de brezos aún en flor, llegamos a la Peña de la Bolanca (1434m) a cuya cresta, sobre rocas cortadas a pico, nos subimos  para recrearnos con las impresionantes vistas que se obtienen desde aquí y que alcanzan hasta las sierras nevadas de Bejar. Es una sensación indescriptible la que se siente aquí arriba.

Después de recrearnos y fotografiarnos en las alturas, comenzamos el descenso a la Cueva de la Mora situada en la vertiente sur de esta peña, en la falda del Pico de la Cueva. El camino está señalizado mediante hitos pero el acceso no es fácil. 

El terreno es resbaladizo y hay que tener precaución con las piedras que se van soltando a nuestro paso.  Zigzagueando llegamos a la base de la cueva y con la leyenda de la mora en nuestras mentes, subimos a ella, aunque no sin esfuerzo, para inmortalizar el momento. Quizá el tesoro sigue ahí esperando que lo encontremos o quizá es de otra naturaleza imperceptible para la vista.

Después de conseguido nuestro objetivo, volvemos a subir a lo alto del Pico para ir faldeando por la ladera norte en busca de la Peña Venero y los hornos de cal. Y es que entre los componentes geológicos de la sierra de las Quilamas se encuentran las rocas calizas, de las que antiguamente y mediante largos procesos en los hornos se obtenía la cal.

En este paraje dimos buena cuenta de las viandas que llevábamos entre chascarrillos y celebraciones en las que no faltó el café, el champán y el buen humor de los participantes.

La ruta está registrada en el GPS  hasta aquí. A partir de aquí el regreso a Navarredonda se hace por la pista que desciende hasta el pueblo.

 

Actividad publicada en www.turismonaturalsalamanca.com a través de ConAutoCaravana.BlogSpot.com.es

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